UN NUEVO PUENTE

Aunque Facebook es una red de gran dinámica, para concretar un contacto hay que formar parte de ella en forma activa y no todos desean hacerlo. Un blog en cambio permite asomarse a él de inmediato, consultarlo y salir, sin ser parte de una especie de gran familia predeterminada. Por eso lo sumo a mi necesidad de comunicación, muy en especial para los oyentes de Plumas, bikinis y tango en Fm 92.7 (www.la2x4.gov.ar) que sale los domingos de 11 a 14 y mis espectadores fieles del ciclo Al cine con la UNLa que programo y presento cada jueves a las 19 en la Universidad Nacional de Lanús, 29 de setiembre 3901, Remedios de Escalada. A ellos y los demás, bienvenidos y gracias por cruzar este nuevo puente.

viernes, 13 de enero de 2012

AMPELMANN, UNA APUESTA DONDE NADIE GANA


Víctor Winer es un autor muy vinculado al teatro Cervantes donde habitualmente publica en el programa una introducción a la obra en cartel. Sus mejores títulos –ambos sometidos al talento del recordado Roberto Villanueva- son Postal de vuelo y Freno de mano, que nacieron de buenas ideas dramáticas. No es mala la de Ampelmann, su último estreno, pero funciona como un combustible flojo y escaso para que el avión pueda elevarse. El personaje clave regresa de Berlín donde según parece llevó sus utopías revolucionarias con resultados muy magros. Patético en su ingenuidad, aparece sin avisar y encuentra que su ex amigo que lo había traicionado con la patente de unos semáforos para ciegos es también la nueva pareja de su mujer. Un lindo perdedor arquetípico para el juego teatral, pensado tal vez para Cutuli, muy buen actor de cuño nacional que tiene máscara y estilo como para lucirse. Lo consigue a medias porque la pieza diluye pronto el atractivo que parecía prometer y se convierte en juguete cómico bastante pobre, por lo cual el intérprete siente que el personaje se desinfla y se le va de las manos. Con naipes de menor valor, los demás padecen el mismo efecto y el final llega rápido –mérito destacable- luego de una hora de humor discutible que la muy interesante directora Mónica Viñao no pudo pulir. Si a ella este espectáculo le aporta poco, lo mismo le sucede a Marcela Ferradás, actriz inteligente y con buen pulso para apuntar alto como lo demostró en Las primas o la voz de Yuna. Alfredo Castellani, Juan Ignacio Blanco y Nelly Sciancalepore –muy lanzada a la caricatura gruesa- son los otros integrantes del reparto.

jueves, 12 de enero de 2012

EL CUARTO DE AL LADO, UN VODEVIL IMPERDIBLE


Los secretos de la culminación del placer en las mujeres no sólo han permanecido bajo siete llaves por represión social, pruritos religiosos y –pecado masculino- desconocimientos anatómicos: también por cierta astucia ocultista que vuelve más misterioso e intenso ese placer. El escritor Federico Andahazi aprovechó muy bien el tema en El anatomista (escándalo incluido) dándole al clítoris un protagónico luminoso. Ahora la autora norteamericana Sarah Ruhl triunfó con la obra In the next room o con menos remilgos The vibrator play. Llenó salas y ganó premios de sobra merecidos. La pieza llegó a Buenos Aires de la mano de Helena Tritek quien adaptó el texto y lo dirigió, poniendo en marcha un espectáculo de calidad infrecuente. Con una ambientación estupenda del famoso Eugenio Zanetti que abarca escenografía y vestuario, ambos fieles y seductores, renacen los finales de aquél siglo XIX lleno de temores, zozobras y prohibiciones. El doctor Givings es un ginecólogo que primero descubre la histeria y luego las virtudes de la electricidad para combatirla. Con una máquina de su invención cuyo truco es un tubo vibrador que remata en puntas intercambiables, las señoras liberan “líquidos uterinos que deben bajar y eliminarse” según explícita disertación del médico y obtienen, claro, unos orgasmos memorables. Todo bien, prolijo y rentable hasta que Catalina, la esposa de Givings, oye los gemidos en el consultorio y empieza a sentir una cosquilleante curiosidad, ella no ve lo que sí ve el espectador. Para peor, una de las pacientes se ha vuelto adicta, tiene hora todos los días y le confiesa con detalles lo que pasa en el cuarto de al lado. Obvio, Catalina quiere probar el tratamiento ante el rechazo indignado de su marido. Antes del colorín colorado con final romántico, sabremos que la paciente Sabrina ha descubierto también que las manos de la asistente del médico dejan en humillante segundo puesto al vibrador.

Como se ve, el tema se las trae. Lo notable es que Sarah Ruhl construyó con él un perfecto vodevil a la francesa lleno de situaciones, entrecruzamientos y juego de puertas, tintineante, divertido y humanista.

Una gran comedia erótica y cómica a la vez, un andamiaje teatral de noble arquitectura. Helena Tritek la montó con mucha sabiduría y precisión dirigiendo a su elenco con idéntica destreza. La pareja central tiene muchas chances que son especialmente aprovechadas por Gloria Carrá, una comediante deliciosa, pícara e inocente al mismo tiempo que nos trajo imágenes de gigantes del género como Paulina Singerman. Luciano Cáceres, actor-director que conoce todos los rincones del arte teatral, edifica un científico rico en matices de humor que no desprecian la caricatura pero le atenúan el trazo. Excelente y nada fácil es el trabajo de Victoria Almeida, la “histérica” Sra. Daldry, ya que buena parte de la obra se apoya en su gracioso proceso de curación. El mismo mérito tiene lo que hace Gipsy Bonafina, muy justa en la tan empeñosa asistente Ana. Esteban Meloni –por momentos alejado de la sutileza que lucen los otros- y Erica Spósito completan El cuarto de al lado, una historia que sólo es de 1880 en la ficción. Tal vez muchas señoras de 2012 aún no han encontrado su doctor Givings.